Rituales de planificación de las mentes más brillantes

Rituales de planificación de las mentes más brillantes

Cómo se organizan las mentes brillantes
El eterno Mozart era muy respetuoso de la planificación diaria.

Cómo se organizan las mentes brillantes
Algunas personalidades destacadas desde hace siglos ya cumplian con una rutina bien planificada para poder desarrollar sus capacidades. Conoce cómo planificaban sus día a día las mentes más brillantes.

Planificación de las mentes brillantes

En este blog solemos recomendarte el modelo básico de planificación, que incluye la anticipación, el uso de materiales rígidos (como nuestros amados papel y lápiz), y el diseño de un accionar con tiempos específicos que incluyan los momentos de descanso, de actividad, de alimentación y otros. Y no es por nada que te lo decimos: la planificación ordenada, que se cumple como una rutina rigurosa, ha demostrado también ser la musa inspiradora de las mentes más brillantes. Aquí te mostramos los métodos de planificación de algunos nombres que seguramente reconoces:

Cómo se conforman estos modelos

Salvo momentos especiales o interrupciones, factores climáticos o ambientales y algunas perturbaciones más a la rutina regular, las más brillantes mentes han usado y respetado rigurosamente modelos planificados para sus actividades diarias. Estas agendas, claramente detalladas, incluyen los tiempos y orden específico para las actividades básicas (dormir, comer, ejercitar), las actividades creativas y necesarias (trabajo primario o fuente de la creatividad) y también las obligaciones y cumplimientos de cada época, acorde a lo que fuera el estilo del momento (trabajo “secundario” –el que permitía el ingreso necesario-, eventos sociales, obligaciones).

Planes de organización de las mentes más brillantes

Entre los músicos más destacados de la humanidad, dos destacan por su respeto a la agenda de organización del día. Por un lado, el genial Ludwig van Beethoven cumplía con un sueño nocturno de 8 horas sin interrupción, destinaba 30 minutos al desayuno, una hora a una cena temprana (20:30 a 21:30), seguida por 2 horas de ejercicios (caminatas mayormente), y 4 ½ horas para la recreación, la sociabilidad y la cena última de la jornada (iba a las tabernas a codearse de otras mentes, regocijarse con una cerveza, e inspirarse para el trabajo del día siguiente). Inmediatamente posterior a su desayuno, Beethoven destinaba 8 horas ininterrumpidas para su trabajo creativo, en el que componía, corregía y daba los detalles finales a sus obras… sin cambios, día tras días, con enorme disciplina y dedicación.

Otro músico notable y respetuoso de la planificación diaria era el eterno Wofgang Amadeus Mozart. Aunque ha pasado a la historia (falsamente) considerado como un revoltoso, un gran rebelde cuya única dote era una cualidad natural para la composición, lo cierto es que era un gran trabajador de la música y su creación que, por cierto, sí se le daba naturalmente. Pero como todo diamante en bruto, desde joven Mozart comprendió que necesitaba domar a la fiera si quería hacer algo con tu talento. De hecho, no se iba a dormir sin antes componer o destinar al menos dos horas a su trabajo (normalmente entre las 23:30 y las 00:30 o 01hs), dormía sólo algunas pocas horas por noche, y despertaba nuevamente para dedicar 1 hora más a la composición, seguida por 2 horas de lecciones (impartiendo y aprendiendo). Las siguientes 2 horas eran destinadas a socializar, relajar la mente, pues luego cumplía, día tras día, con otras 2 horas de composiciones por encargo, su “trabajo diurno”.

Agenda de planificación de algunas mentes literarias

Es el rigor y el respeto por la planificación lo que permite encaminar el talento para poder darle la forma que tomará trascendencia eterna. Sin ir más lejos, la poetiza y activista social (entre tantísimas otras ocupaciones) Maya Angelou seguía una agenda cuidadosamente planificada, día tras día y en cualquier circunstancia: dormir no más de 4 horas por noche, dedicar no más de 4 horas por día (divididas entre la mañana, la tarde y la noche) a sus rutinas sociales, alimenticias y personales, y jamás restar un minuto a sus 4 horas de trabajo en sitios aislados, a las que se sumaba una hora más (dividida en dos mitades de hora) para la revisión del trabajo de día, primero a solas y luego con su esposo para una revisión final.

El autor y crítico literario Thoman Mann, por su parte, cumplía con la rigurosidad alemana de su nacimiento su agenda diaria para canalizar su trabajo y conjugarlo con las obligaciones sociales propias de la primera mitad del siglo XX. Su planificación comenzaba con precisión a la medianoche, con 4 horas de sueño, ½ hora para el aseo y el desayuno, 1 ½ horas de trabajo literario, 15 minutos de almuerzo, 1:45hs para la lectura, ½ hora de siesta o descanso, 15 minutos para compartir con su familia, 45 minutos para la revisión de artículos y novedades, 15 minutos para una caminata ligera, y 2 horas con 15 minutos para las actividades sociales. Día tras día, con la precisión de un reloj.

¿Sigues pensando que lo suyo fue puro talento e inspiración? Estos son claros ejemplos de cómo la correcta panificación evitó el malgasto del tiempo, y les dio a estas celebridades la notoriedad eterna que hace que hoy, años y siglos después, sigamos reconociéndolos como las mentes más brillantes, gracias a su orden, planificación y trabajo de cada día.

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