Cómo incluir en la planificación detalles ante un posible fracaso

Cómo incluir en la planificación detalles ante un posible fracaso

Cómo planificar para el fracaso
Animate, no todo fracaso supone el fin terrible de un proyecto

Cómo planificar para el fracaso
Siempre es mejor estar prevenidos ante un terreno desfavorable. Descubre algunos tips para planificar en caso de fracaso o si algo sale mal.

Tips para planificar ante un posible fracaso

Constantemente estamos dándote buenas ideas, mecánicas y herramientas para planificar y alcanzar el éxito donde sea que te lo estés proponiendo. Pero la realidad es distinta a lo que vemos en el papel, o a lo que queremos para nuestros planes: a veces suceden tragedias, circunstancias especiales y contratiempos que nos inclinan hacia el fracaso.

La mayoría de esas veces, es la falta de una planificación completa lo que permite que eso suceda. Por eso, hoy aprenderemos cómo incluir la probabilidad de fracasos en nuestros planes.

Los distintos tipos de fracaso

No todo fracaso supone el fin terrible de un proyecto. Puede ser alcanzar menos que lo que nos habíamos propuesto como meta original, o también llegar al objetivo pero en más tiempo o con menos economía de la que esperábamos. El tipo de fracaso se supone a partir de lo que tú consideres con esa palabra: a veces son meros problemas o situaciones que, a ojos perfeccionistas, asumimos como tragedias, fallas y debilidades en nuestros proyectos.

Lo cierto es que, muchas más veces de lo que quisiéramos, el “fracaso” será inevitable. En particular cuando no hayamos realizado una estrategia de planificación realista y alcanzable. Por ejemplo, si proyectamos la realización de un evento empresarial a cielo abierto, pero lo hicimos en la temporada de lluvias, no podemos considerar que la cancelación del evento por temporal sea un “fracaso”. Será, mejor dicho: una “mala planificación”.

Lo bueno de fracasar

De todo fracaso se aprende. Pero depende la manera en la que lo asumas el modo en el que lo aprovecharás: si alguna vez corriste un cierto riesgo haciendo inversiones y sientes que fracasaste, podrías tomar uno de dos caminos: optar por planificar mejor tu inversión, evitando el error actual en tu próximo proyecto, o decidirte por no invertir jamás. Fracasar puede ser una manera de aprender sobre los desaciertos no vistos con suficiente anticipación, lo que sólo debería fortificar tu proyecto.

Lo importante al incluir la posibilidad de fracasos es no “esperarlos”, sino “preverlos”. A la hora de hacer tu proyecto, piensa en qué cosas pueden salir mal, y qué ideas propones para solucionar cada inconveniente. Esto te ayudará a saber actuar rápido ni bien vislumbres el inicio de una posible falla en el plan, de cambios imprevistos y demás. Dedicarás menos tiempo a pensar en las soluciones una vez que ya tengas algunas ciertas ideas en la mira, dentro de tu lista de planificación.

Nunca es agradable fracasar. Pero tampoco puedes dejarte abatir por algo que salió mal. Si el problema (es decir: la razón del fracaso) ha sido algo completamente ajena a tu control o planificación -como una inundación, un sismo que interrumpió las actividades, un suceso político en tu país o lo que fuera- entonces podrás aprender este nuevo conocimiento para tener siempre un “plan B” para tus proyectos, en caso que fuera posible tenerlo. Pero si el fracaso pudiera haber sido evitado, entonces lo que sucedió fue una planificación muy escueta, de la que puedes aprender para mejorar un poco más tus nuevas organizaciones en el futuro.

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